Splash en Boston

Splash en Boston

Eugenio Hernández
Investigador Grupo Watergate / Instituto Franklin.
Noche de saltos y sobresaltos al llegar las primeras noticias de las explosiones en la línea de meta del maratón de Boston. Sobresalto terrible el de quienes aguardaban la llegada de los corredores y se vieron sacudidos por las bombas. A partir de ese instante, una riada de mensajes para poner orden en el caos. Como suele ser norma en estos casos, los servicios de emergencias y, de manera mucho más confusa, los testigos presenciales iban desgranando detalles de lo ocurrido.

Policía, sanitarios y autoridades locales recogían y difundían datos, no especulaciones, con la cautela que se les debe exigir. Cuatro horas más tarde, hasta el propio presidente Obama reconocía no contar con detalles suficientes para explicar lo ocurrido. Sin embargo, televisiones, diarios digitales y canales como Twitter eran ya una competición de saltos a la piscina, con la misma ausencia de armonía y sincronización que demostraban los concursantes de Splash.

La radiotelevisión pública leía a esa hora las tapas de los diarios de Colombia sobre las elecciones venezolanas en su canal informativo por excelencia. Sus otras cadenas mantenían la programación habitual y la inmensa mayoría de la TDT ignoraba olímpicamente la actualidad. Diarios digitales de supuesto prestigio pugnaban por mostrar las fotos más morbosas, hasta el punto de llegar  a avergonzarse de ello y retirarlas poco después. Y medios locales iban desgranando supuestas exclusivas y noticias de alcance sin verificar: de los 12 muertos que mantuvo en portada el New York Post incluso después de la comparecencia de Obama al rótulo de la CNN en el que calificaba lo sucedido de atentado terrorista, para rectificarse a si misma reconociendo no tener ni idea de si el terrorismo era doméstico o importado.

Que Twitter reventara de imágenes, de sospechas infundadas, de balances de muertos y heridos sin fuente conocida, de falsas alarmas de nuevas explosiones o de leyendas urbanas (como la del apagón de la telefonía móvil para evitar el uso de los celulares como detonadores) entra dentro de la normalidad en un océano donde de todo se puede pescar.  Que para recabar información viva y rigurosa se tenga que recurrir (el que domine idiomas) a canales extranjeros o al directo de una emisora deportiva (con Marca TV poniendo en práctica algo así como la radio con Skype) retrata la indigencia por la que atraviesan muchos medios y la ligereza de algunos de sus directivos y empleados, hablando en nombre de esas empresas o con su propia “identidad digital”.

Deja un Comentario

Scroll To Top