Ángela
Por Yolanda García Serrano
Guionista cinematográfica y escritora
Ángela es tan chiquitita que te cuesta encontrarla por la casa. Camina como si llevara los pies elevados unos centímetros sobre el suelo y si pasa a tu lado no puedes oirla. Pero sí notas un olor a flores salvajes que sólo se encuentran en las montañas más elevadas de su país. La trenza rubia acaricia los baldosines de la cocina como un pincel que se paseara sobre un lienzo. Es tan silenciosa como el susurro de un bebé de gorrión. Por eso cuesta encontrarla. Y porque camina a tu lado sin molestar, tan en silencio que los fantasmas no la reconocen.
Pero Ángela se queja sin mucho ruido. Ayer estuvo en una sucursal bancaria y nadie le hizo caso. Nadie la vio ni la oyó. Y eso que ella intentaba alcanzar de puntillas el mostrador para pedir un crédito. Agitó la trenza y las manos, sudó para llegar al cajero y se deslizó como un papel de seda ante los ojos del empleado. Ni siquiera soplando sobre las gafas del joven consiguió que se percatara de su presencia. Otros clientes llegaron hasta donde ella estaba y la apartaron de un manotazo.
Cuando volvió a casa, unas pequeñísimas gotas iban cayendo a su paso silencioso. Quizá fueran lágrimas que se iban escurriendo de sus desconcertados ojos. Hasta que algún día sea visible para los “dueños” de este país. Porque a pesar de todo, Ángela ha venido a quedarse. Y si espera un tiempo, se hará tan grande que todos se fijarán en ella. Yo misma la empiezo a ver aunque no se ponga de puntillas.
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Escrito por redaccion el 19 de Noviembre de 2007 con
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